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Cine-club: El reflejo de Sibyl.

20.02.2020 - Teatro Cervantes

Paseo Constitución, 35

De 21:00 h a las 22:30 h

4 €

Dirección: Justine Triet. País: Francia. Año: 2019. Duración: 100 min. Calificación: Película no recomendada a menores de 16 años.

Sibyl es una terapeuta que decide volver a dedicarse a la que es su verdadera pasión: la escritura. Para poder hacerlo deja de ver a todos sus pacientes, lo que le permite poder centrarse en las historias que quiere escribir. Sin embargo, su tranquilidad se ve trastocada con la llamada de Margot, una joven actriz de vida tumultuosa que suplica verla. La escritora acepta, sin sospechar que las revelaciones de su nueva paciente están a punto de cambiar su vida para siempre.

Premios 2019: Festival de Cannes: Sección oficial. Festival de Sevilla: Sección oficial.

Datos de interés sobre la película.

En 1950, Roberto Rossellini dirigió una de las obras cumbres del neorrealismo italiano, “Stromboli, tierra de Dios”, en la que Ingrid Bergman interpretó a una mujer prisionera de una relación que no desea, con el incomparable marco de la isla Eolia, caracterizada por su volcán activo, como escenario de su drama personal. Siete décadas después, la isla de Stromboli vuelve a asomarse a la gran pantalla en el nuevo trabajo de Justine Triet, “El reflejo de Sibyl”. Durante una entrevista de promoción de su cinta, la directora responde a un periodista sobre cuál es el motivo que le ha llevado a elegir dicha localización para su historia. La respuesta es que se decidió por ella porque está muy lejos y a veces lo mejor es alejarse de todo. La búsqueda (o necesidad) de huir de la realidad del día a día es uno de los temas principales de este tercer largometraje de Triet, que llega después de un llamativo debut, “La batalla de Solférino” (2013), nominado a mejor ópera prima en los César, y la comedia romántica “Los casos de Victoria” (2016), que recibió cinco nominaciones a los premios del cine francés, incluyendo los de mejor película y actriz. Virginie Efira fue lo más destacable de aquel filme y, de nuevo, vuelve a ser el plato fuerte de “El reflejo de Sibyl”, donde realiza una de las actuaciones más complejas de su ya destacada trayectoria. La actriz se entrega en cuerpo y alma al personaje de Sibyl, una psicóloga enfrentada a una encrucijada vital cuando, no contenta con la existencia que lleva, decide darle un cambio radical y abandonar a sus pacientes para dedicarse de lleno a su verdadera vocación, la escritura de una novela.

El guion de Justine Triet y Arthur Harari es otra de las piezas fundamentales en “El reflejo de Sibyl”, un relato ambicioso, que trata de abarcar diferentes capas, con interesantes juegos de espejos entre distintos personajes y subtramas que le confieren una gran complejidad psicológica. Los cambios de tono de la cinta, hacen que oscile entre el drama pasional y la comedia surrealista. El mayor acierto reside en la notable construcción del personaje de Sibyl, una mujer bella e inteligente, aparentemente triunfadora en lo profesional y con una bonita familia conformada por su marido y dos hijos, pero que no puede evitar sentir un gran vacío interior por no desarrollar la faceta de escritora que verdaderamente la llena, al mismo tiempo que lucha por no convertirse en una copia de su madre, fallecida en un accidente de tráfico, víctima del alcoholismo, y por olvidar a un amor del pasado que es el padre de uno de sus hijos. Al igual que en Otra mujer (Woody Allen, 1988), la Sibyl de Virginie Efira ve en su última e inesperada paciente, Margot, a la representación de sus propios miedos, deseos y frustraciones, tanto que la convierte en inspiración de su incipiente libro. Comienza así un peligroso juego en el que la psicóloga se retroalimenta del drama de Margot, una actriz envuelta en una tormentosa relación sentimental con su compañero de reparto, que, a la vez, es marido de la directora de la película que ambos se encuentran rodando, para dar forma a la que deberá ser su gran novela.

Pero además “El reflejo de Sibyl” tiene algo que la hace especial y muy atractiva. Es el arrebatador carisma con el que Efira encara este personaje antipático y egoísta como pocos, que no tiene reparos en aprovecharse de la desgracia ajena para sacar adelante su libro y, de paso, al mismo tiempo que se deja arrastrar por una espiral de catártica locura, poner en orden las piezas que no encajaban como debían en su vida.

  Reseña elaborada con la crítica de El Antepenúltimo mohicano

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