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TEATRO CERVANTES

Cine club: The disaster artits.

01.02.2018 - Teatro Cervantes

Paseo Constitución, 35

De 21:00 h a las 22:45 h

Teatro Cervantes

4 euros.

Dirección: James Franco. País: Estados Unidos. Año: 2017.         98 min

 La tragicómica historia real del outsider aspirante a cineasta Tommy Wiseau (James Franco), un artista cuya pasión era tan sincera como cuestionables sus métodos. El filme narra la relación de Tommy y su único amigo, el actor Greg Sestero (Dave Franco). Juntos se embarcarían en el rodaje de The Room (2003), auténtica pieza de culto considerada una de las peores películas de la historia del cine. The Disaster Artist es una hilarante celebración de la amistad y la expresión artística, un recordatorio de que hay más de una manera convertirse en una leyenda.

Premios 2017: Festival de San Sebastián: Concha de Oro - Mejor película; Globos de Oro: Nominada a mejor película comedia y actor comedia (Franco).

Datos de interés sobre la película:

Con “The Disaster Artist”, James Franco confirma su condición de artista renacentista e inclasificable que jamás permitirá ser definido o encasillado por la controladora parafernalia hollywoodense. El nominado al Oscar por “127 horas” dirige, produce y protagoniza una comedia cinematográfica en las antípodas de sus intensas aproximaciones (directas o indirectas) a grandes figuras de la literatura estadounidense.

“The Disaster Artist” es la adaptación al cine del “making of” de “The Room”, una inclasificable película de 2003 que fue bautizada por algunos críticos como “el Ciudadano Kane de las malas películas". A pesar de su dudosa calidad, la película dirigida, escrita, protagonizada y producida por Tommy Wiseau (James Franco) se ha ganado un gran culto entre la cinefilia norteamericana y se ha estado proyectando desde su estreno en sesiones especiales por todo el país. Y es que, aunque se presta bastante al visionado entre cervezas y colegas, esa dimensión no termina de explicar el fenómeno. En su concepción, que es lo que trata de desentrañar “The Disaster Artist” en clave de comedia, Wiseau pergeñó su “The Room” desde la convicción profunda de estar levantando algo grande. Franco relata detalles del rodaje que dan cuenta de la ambición disparatada con la que trabajó Wiseau, cuyo proyecto surgió de la convicción de que tanto él y como Sestero, el otro protagonista del filme, estaban siendo infravalorados en su escuela de interpretación, razón por la que el primero decidió mudarse a Los Angeles y autofinanciarse la adaptación de una novela de 500 páginas escrita por él mismo (de dónde sacó los seis millones de dólares que costó hacer el filme sigue siendo un misterio). “The Room”, pues, es una combinación perfecta de grandilocuencia pretendida, malas decisiones y ausencia flagrante de talento, que logra que el producto derivado trascienda tanto los límites de lo malo que se vuelva gozoso. Acaso la demostración más convincente de que es posible parir algo memorable desde lo accidental, desde la oposición radical entre intenciones creativas y recepción.

¿Qué añade la cinta de Franco, entonces, al fenómeno “The Room”? Aparte de una oportunidad para traerle nuevos espectadores, la respuesta a la pregunta más inevitable que inspira su visionado: ¿cómo se llegó a una concatenación tan perfecta de decisiones terribles? La jugada, entonces, consiste en convertir un epílogo a un texto fílmico en un ejercicio de comedia brillante. Franco, que se reserva el papel de Wiseau, lo borda en lo fácil. La sucesión de gags que posibilita un personaje tan estrambótico funciona como un reloj: su acento inidentificable, su oscurantismo sobre su vida anterior, su querencia por la sobreactuación patética, su notorio empanamiento… Pero, y he aquí lo importante, Franco resuelve lo más difícil: sortear la humillación y el simple chiste para saber transmitir el magnetismo de Wiseau, para desvelar cómo en sus actuaciones ridículas hay un movimiento de espontaneidad genuina e inocente. La película abordará el rodaje de esta comedia involuntaria, y la genuina relación de amistad que surge entre los dos protagonistas del film le da su dimensión narrativa a este rasgo tan atrayente: como al espectador, Wiseau mueve a Sestero a una adhesión fascinada que pesa más que cualquier otra cosa, dejándolo todo atrás para seguir al genio loco en su empresa, quizá en parte porque él mismo no tiene demasiado con lo que triunfar. Puede que en este paralelismo entre Sestero y espectador se halle la mejor explicación al culto fiel que la cinta ha generado: que, bajo su desastrosa factura, está el entusiasmo de una mente privada del mínimo talento, del triunfador (en el ámbito creativo, se entiende) con el que más tenemos en común la mayoría de los mortales: aquel que no tiene nada con lo que triunfar.

Reseña elaborada con la crítica de Fotogramas y El antepenúltimo mohicano.

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